PROSA EN EL CUENCO
Según el relato de mi madre y de mis tías, las piernas de mi abuela eran, en su juventud, un portento de belleza. Aunque soy tan escéptico como los jóvenes de ahora, que si no ven fotos o videos nada creen, puedo imaginar que esa belleza encantando hasta la propia la naturaleza. Una belleza, de hecho, atizada por la fortaleza, pues de esa mujer salieron tres hembras y cuatro varones. Era, en realidad, una mujer vigorosa y arrojada: una vez, con sus 1.55 metros de estatura, hizo correr atemorizados a mi abuelo, el viejo Manuel Polonio Vives, de 1.82, y a una pelandusca que le vaciaba los bolsillos. Llena de furia porque una «aparecida» le estaba robando el sustento a sus «pelaos», Rosa se presentó frente a la casa de la susodicha, piedras en mano, y la pareja no tuvo más que huir, llena de vergüenza, por la puerta trasera. Pero la esposa ultrajada notó la maniobra y se lanzó a la persecución, practicando tiro al blanco móvil. La cacería se prolongó por unas cuantas cuadras, para diversión de los vecinos. Ahora, debido al trajín diario y a la cocción prolongada de los dulces, esas ya no pueden sostenerla. [–]
3 Comments:
Benditos esos pilares familiares! Lo disfruté mucho :)
Son verdaderamente bendicidos los que puedan contar con una abuelita en la casa. Muy lindo lo que ha escrito. Desde Perú, Victor Merino
Doy gracias a mi Dios por tener a mis dos abuelitas todavía vivas y en buena salud. Las dos están viejitas pero fuertes y lúcidas. En nuestra cultura latina no se mira a los ancianos como fuente de sabiduría pero para nuestra familia esas dos mujeres son pilares fuertes. Gracias por compartir esta historia.
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