RUMBA PARA MONK
Yo no pongo en duda que es posible un Eicher sin un Jarrett. No puedo decir lo mismo al hablar de la obra de Jarrett, que difícilmente existiría como tal sin la voluntad, los cuidados, la visión y el estímulo de Eicher. Eso lo notó, tal vez por accidente, una amiga con la que hace poco compartía el último de Jarrett: «The Carnegie Hall Concert». Al mirar la colección que tengo del pianista —completada hace muy poco— exclamó: «¡Qué privilegio que alguien lo cuide a uno como artista». [–]
1 Comments:
Muy de acuerdo
Post a Comment