
POLVOS CONTADOS
Algunas de mis amigas me cuentan con entusiasmo que sus preferencias por hombres guapos se fundamenta en la idea, no siempre acertada, de que son más delicados y tiernos; muchas me hablan desilusionadas después al comprobar que el físico no garantiza un buen polvo, entendido por esto que el hombre sepa entrar en comunión con su pareja. Se puede disfrutar de la deliciosa agresividad de un macho, pero se termina con la impresión de que algo nos faltó; lo mismo si el hombre (o la mujer) acude a una pasividad que va de la torpeza a la delicadeza y de vuelta a la torpeza. Cada individuo llevará su propio bagaje a la cama, pero sin una armonía, sin una magia que garantice un traslado a uno (el «Bhagavad Gita» nos dice: «Nada en el mundo es único, todas las cosas por una ley divina en uno u otro ser se unen...») sin la armonía no se logrará un ritmo (o ritmos) que conduzcan al placer orgánico. [–]
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