
BABELOGIA
Los pensadores se toman su tiempo. Los que se han dedicado a estimular un debate en torno a las nuevas generaciones de lectores no se ponen de acuerdo sobre el impacto de la tecnología, pero todos hablan de tres aspectos recurrentes que realmente son parte de un mismo mantra: conveniencia, conveniencia, conveniencia. Nicholas Carr, uno de los más lúcidos pensadores de la generación que creció en esa frontera de la cultura de los libros y la cultura de internet, da la voz de alarma sobre la idiotización de Google. Yo no le quito la razón, porque la tiene— y de sobra. Pero Carr parece hablar de un lector homogéneo y no de categorías de lectores: desde el papagallero (el que todo lo repite sin procesar) hasta el más crítico (que el todo lo cuestiona). Digamos que el lector común no puede buscar en los libros ni en sus versiones digitales lo que no está en él. El otro pensador importante es George Steiner, que todavía invoca aquello de que «el paperback no forma una biblioteca». Desde luego que no. Pero esa biblioteca, en verdad, la forman los lectores. Los libros, que sólo son depositarios de la palabra escrita, son organismos vivos porque nosotros les damos vida con nuestra lectura. A más crítica, mejor. [–]
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