'Play it in the key of your soul' – Charles Mingus



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ROBERTO CARCASSÉS


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STRAIGHT NO CHASER

«Los rostros del sexo»
«La muerte de los periódicos (iii)»
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CIRCULADO

DISCOS FUNDAMENTALES

Un italiano nos toca el alma

Por ANXO MARIZ LÓPEZ
BlueMonk Moods | 17.02.2008

Cuando Lucio Dalla publicó «Cambio», su último gran trabajo hasta la fecha (1990), llevaba 25 años como cantante e instrumentista reconocido. Primero en su Italia natal, en donde este boloñés podía ir desde la exquisitez más absoluta versionando a Thelonious Monk al clarinete o colaborando con Roberto Roversi en discos que aún hoy nos suenan osados y a la vez sencillos, hasta la mediocridad intrascendente. Y claro, después, ya a nivel mundial, especialmente desde que Pavarotti hizo célebre su composición «Caruso».

Luego de un tiempo de sequía creativa, Dalla ya había avisado que se recuperaba con una maravillosa gira teatral por Europa que hizo en 1988 junto a su paisano Gianni Morandi, a propósito también de un disco en estudio de ambos no tan brillante. Pero en 1990, cuando muchos ya asignábamos a don Lucio al circuito de viejas glorias nostálgicas, el pequeño gran italiano nos dejó su última maravilla de larga duración, «Cambio», que ya viene definida en buena medida por la propia portada y contraportada del disco con un joven cantor, su hermana y su madre fotografiados en un cine al aire libre.

Y es que «Cambio» es un disco de nostalgias e incógnitas personales y sociales, tanto para un autor que observaba cómo ya había transcurrido buena parte de su vida como para un mundo que asistía a la caída del muro de Berlín, siendo ambas inquietudes —la personal y la social— descritas por Lucio de forma magnifica a través de temas como «Tempo», con el recuerdo de las tarde de domingo de posguerra humilde junto a la radio y las correrías con los amigos, «Comunista», que nos habla de las certidumbres en las propias creencias cuando todo parece derrumbarse, o la comercial «Attenti al lupo», una ligera pero graciosa advertencia contra todo tipo de picaresca y pícaros que pululan por el mundo adelante.

Sin embargo, nada de lo anterior tendría sentido si las hermosas canciones de Dalla en «Cambio» no afectasen ni tocasen las emociones y la subjetividad de quien está escribiendo, aún y cuando éstas no tengan que coincidir en absoluto con las del artista. Y ahí se encuentra precisamente el mérito de este disco: su capacidad para estimular y evocar las emociones que producen los cambios importantes en nuestra vida y en nuestro entorno y la necesidad de buscar en el patrimonio sentimental las fuerzas para afrontarlos con optimismo.
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Vigo (Galicia), España
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«Tempo»







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RUMBA PARA MONK

Bajo la sombra de los Beatles

Por JESÚS ROSADO
BlueMonk Moods | 12.07.2009

Badfinger se considera el pionero del power pop, una manera de hacer en la sonoridad contemporánea donde se combinaba el riff y las armonías contagiosas. En el caso de este grupo, lo que le hace singular es que remontan el sonido beatle con criterio derivativo, acercándose a las tentaciones de la herencia.

Cuando los Beatles entran en su fase de descomposición, Apple Records fija su atención en esta banda buscando posiblemente una continuidad recaudadora. Un McCartney ya abrumado por la crisis del legendario grupo, y secundado poco después por Harrison, quien también se interesó en el reciclaje que rastreaban los chicos de Badfinger, emprenden entonces el apadrinamiento inicial. El propio nombre de la agrupación se debe a la canción «With a little help from my friends» del cuarteto de Liverpool.

Debutan con el «Come and get it» de McCartney y son catapultados, en 1969, con «Carry on till tomorrow», tema del filme «The magic christian» protagonizado por Peter Sellers y Ringo Starr. Sus comienzos estuvieron marcados por otras piezas como «No matter what» que irrumpe como un refrescante remake del estilo beatleriano y la memorable «Without you» que hiciera famosa Harry Nilsson y que ha dado la vuelta al mundo durante cuatro décadas cautivando con su sentimentalidad.

Badfinger desde siempre, y a pesar de sus rostros cool y sus seductoras melodías, estuvo marcado por el aura de la negatividad

En 1971, Harrison se involucra en la producción de dos sencillos de la banda, «Day after day» y «Baby blue». La primera fue un exitazo que parecía haber surgido de la musa del propio George, aunque más bien Harrison era el que se declaraba devoto de Pete Ham, líder del grupo, quien había compuesto el melodioso número. Hasta se pensó incluso que el track de la guitarra lead en «Day after day» era ejecutado por George, cuando lo divertido era que ocurría todo lo contrario, es decir, el ex beatle estaba descubriendo una especie de ingenua clonación en la limpieza interpretativa de Ham.

Finalmente, el productor George Martin se incorporó a los esfuerzos para pactar este intento de sucesión al hito de una época, desestimando que los ciclos gloriosos difícilmente se repiten. Badfinger desde siempre, y a pesar de sus rostros cool y sus seductoras melodías, estuvo marcado por el aura de la negatividad, la frustración y las desazones financieras que desembocaron drásticamente en el suicidio de sus dos principales inspiradores. Primero se quitaría la vida Ham y tiempo después, el bajista y vocalista Tom Evans, quien junto a Ham integraba la fórmula autoral del grupo a la manera que lo había sido el dueto antológico Lennon-McCartney.

Pero además, aún con sus destrezas evocadoras, Badfinger era una tropa que no contaba con el ángel excepcional de sus padrinos. Fue una banda que por voluntad superior, nació siendo hermosa criatura, pero sentenciada a invalidez y muerte discreta.

Legaron piezas dignas que se hacen escuchar con deleite, pero ni remotamente llegan a ser lo que pretendieron aupar sus geniales antecesores. Si acaso, quedan como amago de un mito breve, tierno y aciago, que de no mencionarse, no se invoca. Aparentemente, entre ese fatalismo misterioso y la delicadeza de sus temas es donde radica la cuota que les tocó de permanencia.
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Este texto fue publicado originalmente en la bitácora hermana TuMiamiBlog,
editada por el músico y escritor Alfredito Triff.


Miami, Florida
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CIRCULADO

Herencias portátiles

Bruno Böhmer Camacho Trio
Herencias
Neu Klang

herencias

Bruno Böhmer tocó por última vez en Barranquilla hace dos años,
junto a Latin Sampling, la banda que dirige, para presentar «Secrets», un disco que para ese entonces resultó novedoso y enérgico. Con una chaqueta de cortesía, Bruno se presentó ante el público con un solo magistral, de frases bien pensadas y retórica precisa, en «Ocre», el chachachá fresco con el que decidieron abrir. Bruno no estaba jugando. Su pianismo, al mismo tiempo audaz y conciso, tenía una madurez atípica para un músico con veinte años mal contados.

Cuando volvió como espectador para el Barranquijazz, hace casi un mes, Bruno trajo varias copias de «Herencias», su primer trabajo solista. Aquí la sorpresa comienza con el formato: Latin Sampling se reduce a la célula básica de un trío. A partir de ahí, el pianista barranquillero cumple con una tarea esencial para el disco: la de hacerse a un sonido más propio y personal, que se separe bien de las pretensiones del quinteto.

Lo logra con creces. En especial porque el trío (que se completa con Rodrigo Villalón en la batería y Juan Villa en el bajo) funciona a través de otras búsquedas conceptuales. Bruno se interna con convicción en la música de su abuelo, el compositor Ángel María Camacho y Cano, pero no deja de lado sus propias composiciones, que representan maneras contemporáneas de entender la tradición. Asimismo, y en consonancia con su corta pero interesante trayectoria, Bruno atiza bien el vuelo para ejercitarse en el latin jazz.

Aunque sin estar exento de algunos clichés, «Herencias» es un disco acertadamente misceláneo. Al menos lo suficiente para ser un debut. El resto está en el piano de Bruno, maduro y con algunas influencias bien asimiladas, además de rondar con acierto en la idea central del trabajo: todas las herencias —las de aquí y las de allá— confluyen en un súmmum único, más allá de nacionalidades y patriotismos, que es el que se lleva adentro. Bien adentro.
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—MANUEL ANTONIO DUEÑAS PELUFFO
BlueMonk Moods | 17.10.2008

Barranquilla, Colombia
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«Recuerdo de un pueblito»







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RUMBA PARA MONK

Un disco con alma

Por ELISEO CARDONA
BlueMonk Moods | 24.05.2009

Los discos siempre están asociados a unos recuerdos. Aun aquellos que apenas ayer compramos, quemamos, bajamos, robamos... (Y aquí vale aclarar que hay discos que producen amnesia. Y es bueno que así sea porque ese mérito es lo único que los redime.) En efecto, las músicas que amamos suelen someternos a ese ejercicio proustiano de evocar el pasado. Que, desde luego, siempre ha de ser mejor. Este «Juntando almas» estará vinculado in saecula saeculorum a mi amigo el Príncipe Olazábal.

El nombre real de este peruano querido no tiene importancia. Baste decir que hubo un tiempo maravilloso, a principio de los 90, cuando se podía acudir a su casa en Miami Beach y salir con la cabeza drogada de ideas. Sobre todo si de música se trataba. En verdad, la historia del Príncipe Olazábal no es extensa. Tampoco lo es su discografía. Pero como todo aristócrata de espíritu, el hombre sabe hacer de la brevedad un tesoro. Fue así como una tarde, mientras hablábamos de los grandes proyectos que nos traerían gloria, me hizo escuchar este disco maravilloso.

No miento al decir que al cabo de largos años «Juntando almas» sigue siendo uno de mis discos de cabecera, de esos que prefiero llamar discos fundamentales. Sé que fue uno de los primeros en mostrarme que las grabaciones que uno atesora con mimo, celos y cuidados son aquellas que organizan nuestra visión del mundo. Poco importa cuán jodidos estemos, uno vuelve a esos discos para sentirse al salvo; incluso hasta de uno mismo.

Es además uno de esos discos que, como los libros, muestran la seducción de una encantadora dramaturgia. Porque lo de Lito Vitale, cuyo nombre merece ser más conocido en suelo gringo, es hilvanar una sugerente historia porteña contada a través de diferentes voces, estados de ánimo, inclinaciones estéticas. El universo reducido a un puñado de canciones. Todo un arte.

Pero esto no es un texto crítico sino sentimental, unos apuntes de agradecimiento a mis vecinos argentinos, que me abrieron las puertas de sus apartamentos al cabo de años de mirarnos en los pasillos sin saludarnos. Al escuchar estas canciones escaparse por las rendijas y colarse en sus hogares, ellos se han sentido más a gusto y yo menos extranjero entre porteños. Si los discos no transforman, les faltan alma. Eso también lo aprendí, claro, del Príncipe Olazábal.
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Miami Beach, Florida
© FOTO – Fabris-Truscello ||| ™ EDICION – Julia Saavedra
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«Zamba de Juan Panadero»









Piano y arreglo de Lito Vitale, con voz y bajo del extraordinario Pedro Aznar.
Los versos aparecen en este apartado.
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RUMBA PARA MONK

La isla de la música

Por ELISEO CARDONA
BlueMonk Moods | 21.05.2009

Cuando la popularísima NG La Banda se presentó por primera vez en Miami, en 1998, José Luis Cortés, el carismático líder de la agrupación, me invitó a escuchar los ensayos en el Teatro Cameo de Miami Beach. Ya conocía de antes al también enigmático "El Tosco", al que saludaba cada vez que iba a La Habana para ver lo que se deja ver y bailar con el grupo hasta donde el cuerpo (y la vergüenza) aguantara. Pero escuchar a NG ensayar en Miami me dio otra perspectiva de los músicos cubanos.

Todavía lo recuerdo clarísimo. Había llevado conmigo a una amiga gringa que aún no se había enamorado de la timba (ni de los negros timberos) pero sabía apreciar el potencial de la buena música. Al escuchar que la sección de vientos de NG calentaba los motores, mi amiga exclamó: «¡Pero si están afinando con Mozart!». No se equivocaba porque, en efecto, "los metales del terror" solían calentar con Mozart y Bach. Más tarde, al observar al cantante Tony Calá hacer indicaciones en una partitura operática, mi amiga me dijo por lo bajo: «Apuesto a que ese negro es violinista». Tampoco aquí se equivocaba, puesto que Calá fue violinista antes de darse a conocer como cantante.

Lo desatinado, sin embargo, fue su pregunta final, que yo preferí dejar entonces en el aire: «¿Cómo es posible que los músicos cubanos toquen música popular con tantos conocimientos de la música clásica?» Aquí va una respuesta parcial: porque los músicos cubanos apenas cogen lucha con la comemierdería de separar lo uno de lo otro. La buena música lo es por encima de sus divisiones. No voy a decir que todos los músicos cubanos saben moverse o están dispuestos a moverse por un amplio mapa de músicas. Pero es posible apreciar en ellos un gusto sin prejuicios por encontrar en cada género algo que les permita enriquecer el oficio, desafíar al oyente y alimentar eso que los músicos jamás deben abandonar: la curiosidad.

Claro que en la pregunta de mi amiga hay también un pequeño comentario en entrelíneas: la idea de que el color de la piel determina la cultura musical de los músicos. Es decir, los negros son rumberos bona fides mientras los blancos tiran para cualquier cosa, menos para el solar. Lo que constituye, desde luego, una soberana idiotez.

En todo caso, este video de la Camarata Romeu me ha puesto a pensar en lo maravilloso de borrar las fronteras musicales. O mejor: en la idea de buscar esos puentes que delatan la prodigiosa imaginación de los músicos. Yo estoy seguro que otros pueblos, tal vez más lúcidos, se divierten poniendo a circular esa divisa. Yo lo aprecio como algo común entre los músicos cubanos. Dicho sin ánimo de joder, pero con el orgullo de alguien que se considera un cubano honoris causa.
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NOTA — Ya conocía a la Camerata Romeu, cuyo trabajo merece una mejor divulgación. Pero el descubrimiento de este video se lo debo a mi amigo Juan-Sí, extraordinario artista cubano. Va dedicado a mi hermano Adalberto Delgado, rumbero par excellence. |≅|

Miami Beach, Florida
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DE LOS ARCHIVOS

CIRCULADO

Un alma blusera

Sonny Clark
My Conception
Blue Note

sonny

En 1959, el año de la grabación de este disco, el pianista Sonny Clark tenía 28 años. Era posiblemente el session musician más solicitado en el sello Blue Note, lo que le permitió acumular tantas horas en el estudio de grabación como cualquier veterano con el doble de su edad. Dos años después moría de una sobredosis de heroína, dejando una discografía rica en aciertos, de la que se suele citar el «Cool Struttin'» como la máxima cumbre. Ese disco, sin duda, es extraordinario. Pero «My conception» lo supera en sentimiento blusero, madurez conceptual y entrega musical.

Clark fue, en esencia, un hijo del hardbop, esa tendencia que comenzó a tener sentido cuando el jazz vio su atractivo más allá del gueto de los conocedores habituales. En todo caso, sus exponentes (Hampton Hawes, Bobby Timmons, Art Blakey, Horace Silver o Ray Brown para dar apenas unos nombres) demostraron que el bebop era, fundamentalmente, música nacida del rhythm & blues y el gospel. Es decir, que las ideas torrenciales de Charlie Parker podían tener alma de púlpito y espíritu pop.

Algunas de las canciones de «My conception» (que fue grabado en dos sesiones tan distantes como marzo y diciembre) claman por letras para ser cantadas. Tan adhesivas son. Se trata de temas muy bluseros que se ubican entre el fervor predicador y el soulfulness. Clark tenía, como Silver, un manejo refinado del combo jazzístico y aquí compinches como Donald Byrd y Hank Mobley encarnan lo mejor del género con improvisaciones jubilosas. El contraste con el pianismo espacioso de Clark es, aparte de delicioso, inmejorable.

«My conception», que estuvo hasta hace muy poco en los archivos de la discográfica Blue Note, fue editado en los años 60 por los japoneses, quienes apreciaban mejor el elegante tiempo pianístico de Clark. Sólo su figura de icono del hardbop, sumado a la fiebre de las reediciones, ha despertado el interés por este disco maravilloso. En verdad, poco importan las razones: esta es una grabación tan moderna como histórica.
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—ELISEO CARDONA
BlueMonk Moods | 10.03.2008

Miami Beach, Florida
© FOTO – Francis Wolff ||| ™ EDICION – Felipe Albiac
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«Minor meeting»







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RUMBA PARA MONK

La clave

Por CHICO ÁLVAREZ PERAZA
BlueMonk Moods | 16.06.2009

Según el diccionario de la Real Academia Española, «clave» se define con el símbolo de sol y se coloca al principio del pentagrama para determinar el tono de las notas.

Claro que para miles y miles de músicos en todo el mundo, esta pequeña palabra va más allá de las explicaciones o las definiciones. La clave es la santa trinidad, el instrumento en sí, el patrón de 3/2 ó 2/3, la célula madre de la cual emanan todos los ritmos latinos y sobre la cual giran todos. La clave es la fórmula de la "salsa", y todo lo que ha venido después de que la guitarra española se enfrentara con su enemigo en tierras cubanas hace tres siglos: el tambor africano.

Pero he aquí lo que representa la clave para mí... y espero que para ustedes también.

La clave es vida, es el alimento de nuestro tiempo de ocio, el movimiento y los contramovimientos de nuestros intrincados e intensos ritmos; es el sonido natural de la vida.

Estar en clave es estar donde se debe estar: en ritmo, en tiempo, en síncopa, en talla, en algo maravilloso, en algo perfecto... no importa lo que estés haciendo. Estar en clave es dominar cualquier juego y sus reglas, es tener confianza en sí mismo, tomar el camino correcto apenas con una noción del viaje. Estar en clave es tener control, tener la respuesta a un problema, la llave que permite encontrar la solución.

Estar en clave es estar donde se debe estar: en ritmo, en tiempo, en síncopa, en talla, en algo maravilloso, en algo perfecto... no importa lo que estés haciendo.

La clave es la sangre que lleva nutrientes a la cabeza y al corazón. La clave viaja por las planicies, las sabanas, las mesetas, las colinas, los océanos, las montañas, los ríos y las pavimentadas calles en síncopa con la naturaleza y los animales. La clave se expresa natural con los niños que se entretienen en sus juegos o con los jóvenes que se desinhiben al gritar asomados a los techos de los automóviles, al tomar alcohol o al mover sus cuerpos en la pista de baile.

Si usted está en clave, usted es una persona alegre. Y cuando esa clave la comparte con otros, está compartiendo felicidad. Asimismo, si usted pierde la clave, lo pierde todo. Claro que si la conserva siempre, puede morir en paz.

La clave es historia, cultura, tradición; es Africa y España. La clave es el ritmo de la lluvia y los latidos del corazón. La clave son los tambores de Nigeria, Dahomey, el Congo y Calabar, que luego se casó con la guitarra española de ascendencia morisca, adquiriendo nuevos bríos en el Nuevo Mundo, plantando sus semillas en Cuba y en Brasil, viajando en barco a Colombia y Venezuela, Puerto Rico, la isla de la Española, Nueva Orleans, Veracruz y Nueva York.

La clave estaba aquí mucho antes que nosotros. Estaba en nuestros padres y en nuestros abuelos; ellos entendieron el significado de la clave y, sobre todo, su poder. Ellos vivieron con ella, hicieron el amor bajo su encanto y la mantuvieron cerca de sus corazones en tiempos malos y momentos tristes.

La clave viajó con ellos en las caravanas por el desierto y en los barcos cargados de esclavos, y se impuso por encima de las vicisitudes. La clave les alivió las penas del alma y calmó a la bestia salvaje. Nuestros ancestros, nuestros viejos, pasaron la clave a otras generaciones para que pudiéramos apreciarla en nuestras manos, en nuestros corazones, en los pies que marcan los pasos al bailar.

La clave es tiempo, y está en todos nosotros; estaba allí además en el estruendoso big bang del principio y estará también en el catastrófico final. La clave está en la dramaturgia de las cosas, sin principio ni final. La clave es una combinación de sentimientos hermosos que han trascendido épocas y milenios, llevándonos en un viaje más allá de lo que nosotros podemos comprender.

Ninguna otra palabra nos puede describir mejor como la clave. La clave es nuestra religión, nuestra música, nuestro alimento, la savia de nuestra vida.
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Brooklyn, Nueva York
© ILUSTRACIONES – Dance / Jackson Pollock ||| ™ EDICION – Julia Saavedra
© 2009 TRADUCCIÓN DEL INGLÉS – Eliseo Cardona
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CON \ TEXTO

El Caribe que tanto somos

Por HERIBERTO FIORILLO
BlueMonk Moods | 10.07.2009

En los años setenta, y con el ánimo de entusiasmar a los norteamericanos por la música afroantillana, el músico Johnny Pacheco y el empresario Jerry Masucci se inventaron en Nueva York el término salsa, agrupando con éxito el guaguancó, el son, la guaracha, la bomba, la plena, el merengue y demás ritmos latinoamericanos. Así, los gringos curiosos sentían saber que bailaban siempre salsa mientras la charanga tocaba la especificidad de una guaracha, una rumba, una columbia o un danzón.

Lo mismo hemos hecho en algunos países de nuestra América con los inmigrantes orientales que llegaron de China, de Japón, de Tailandia y de Corea: a todos los llamamos chinos. Y a aquellos que vinieron de El Líbano, de Siria, de Turquía, los renombramos turcos. Esto facilita entre nosotros su identificación, pero esa misma facilidad —basada en la inexactitud y la idealización— encierra y produce también afirmaciones peyorativas, irrespetos, xenofobias, exclusiones y desinformación. Llamar turco a un libanés era igualarlo a su mayor enemigo. Lo mismo que ofender a un japonés, diciéndole chino. La ignorancia, el desconocimiento, de esos seres, en últimas extraños para nosotros, explican que así los llamemos. La indiferencia y el desdén, que así los sigamos llamando.

No solo somos lo que somos y creemos que somos sino lo que los demás creen que somos. En Colombia, cachacos y costeños nos hemos construido unos a otros con lo mejor y lo peor de nuestras ilusiones, apropiaciones y extrañezas. No siempre han sido amables los retratos y perfiles que imaginamos y proyectamos del otro. Ni tampoco han sido todos peyorativos. La verdad es que cuando una tribu habla de otra, tiende a generalizar, la considera de manera monolítica y la describe con estereotipos, a fin de que esas clasificaciones se adapten de la mejor forma a sus propias idealizaciones.

Del otro lado del disco, no hay individuos más preocupados que los afroiberoamericanos con la imagen que proyectan en los demás. Es algo obsesivo de los caribeños. Ni los europeos, ni los africanos, ni los aborígenes, han sentido tanto ese problema. En ninguna otra región del mundo, artistas, escritores e historiadores se preguntan tanto sobre su identidad. Todos los caribeños quieren definir su identidad, como si fuera algo no resuelto. Construido con los genes del mundo entero, un caribeño siente que aún debe preguntarse, como Hamlet: ¿quién soy yo?

Atrapar la noción del ser caribe en unos cuantos párrafos resulta un increíble desafío. Solo con la complicidad de interlocutores inteligentes podrá un narrador describir cierto ámbito y su temperatura con cuatro brochazos de lucidez.

Somos tantos que somos todos. Para entendernos, debemos vernos y vivirnos como síntesis.

El Caribe, para el extraño, tiende a ser tarjeta postal. Por algo la crónica de este lugar para los primeros españoles coincide con la descripción del edén, según el Génesis bíblico. Colón lo llamó «el paraíso terrenal, adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina». El trópico le gusta al blanco extranjero o al andino pero apenas unos días, durante las vacaciones. Si se acerca y se queda a vivir algún tiempo conocerá su realidad, que es su constante mutación.

La del Caribe es una historia problemática, sujeta a procesos violentos de conquista, de colonización, de esclavitud, de marginalidad, de exclusión. El Caribe vive además otras realidades y la fijación de parecerse a Occidente. Aquí se produjo el gran encuentro que inauguró la modernidad. Aquí, por primera vez, nos encontramos todos de distinta manera. Razas, culturas, lenguas diferentes debieron aprender en este patio a convivir o a eliminarse. A respetarse en la fusión, para ser iguales.
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Barranquilla, Colombia
© FOTO – CCCB © 2009 ||| ™ MONTAJE – Eliseo Cardona
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CIRCULADO

El dolor de recordar

Francisco Céspedes
Te acuerdas
Warner Music Latina

teacuerdas

Soy fan de Francisco Céspedes. Lo digo con descarado orgullo. Para cualquiera que haya seguido sus pasos, se trata de uno de los placeres más exquisitos de escuchar música cubana; aunque su obra muestre las altas y las bajas de un artista inquieto: del romántico al cursilón telenovelero pasando por el creador que halla en la exuberancia de la música popular cubana un motivo de minimalismo poético. Pero frente a «Te acuerdas», al que no es posible clasificar de malo porque se ubica entre malísimo y horrible, no queda más remedio que pedir paso para pasar.

Alguien —¿acaso un mal asesor, un jodedor consuetudinario, un enemigo que buscaba desquite?— le aconsejó al Pancho cantar en portugués («Começar de novo»), en francés («Ne me quitte pas») y en inglés («How deep is your love», ¡una canción de los Bee Gee, por tu madre!). Y el hombre se lo tomó en serio. O tal vez no. El caso es que los resultados darían ganas de tocerse de la risa si no fuera porque duele, ay, escucharlo masticar, moler, triturar y masacrar los idiomas. Es la pesadilla torturante de alguien que canta a un paso de la ridiculez. ¿O alguien va a decirme que ese tránsito de escuchar a Beny Moré a lo demás es una evolución de la cancionística cubana? Metáfora aparatosa, sin dudas.

Incluso canciones como «Aquellas pequeñas cosas» (Joan Manuel Serrat) y «Yo vengo a ofrecer mi corazón» (con un arreglo hipercursilón) alcanzan aquí lo caricaturesco. Sólo «Mírame bien» (Pablo Milanés) tiene el espíritu de algo sentido, algo lejos del esfuerzo, algo que se presenta como una segunda piel.

«Te acuerdas...» es un título maravilloso para describir la experiencia de escuchar este disco, porque, coño, hay sufrimientos que han de recordarse toda la vida. Este es el más doloroso.
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—ELISEO CARDONA
BlueMonk Moods | 27.06.2009

Miami Beach, Florida
© FOTO – Adolfo Pérez Butrón ||| ™ EDICION – Felipe Albiac
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«How deep is your love»







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BABELOGÍA

Los recursos del fabulador

Por ADRIANA CARRILLO
BlueMonk Moods | 05.04.2009

«El beso de la mujer araña» (1976) | Manuel Puig | Seix Barral

Estoy a punto de regresar a mi ciudad de Barranquilla sin haber terminado mi viaje a Buenos Aires. Ahora me siento como Manuel Puig cuando tuvo que huir de aquí por la dictadura, poco antes de 1976, para terminar de escribir «El beso de la mujer araña» en México. Pero lo que me hace salir así del país (una gripe A-sesina), no me hace ser ni más, ni menos valiente. Puig empezó a escribir esta novela estando acá, viéndolo todo: desapariciones y muertes, hasta que la prudencia lo lanzó fuera para no volver. Y no volvió, ni siquiera con la democracia, por una cuestión de dignidad, para decirlo desde sus pies. «Con Alfonsín la censura no existe más, pero no se escribió una sola línea para un libro que ha suscitado tantas reacciones, positivas y negativas en tantos países del mundo», dijo Puig a la revista «Crisis» en 1986.

De no ser porque el libro tiene la fuerza y la fluidez hilvanada o, tendría que decir, montada como imágenes para ser vistas en la cabeza, hubiera expuesto acá un breve análisis de la película de Héctor Babenco, «The kiss of the spider woman» (1985). En la película hay picos altos, fuertes; una buena reconstrucción de la historia; un conjunto de elementos que hacen, en su totalidad, a un buen film. En el libro hay dos personajes que puedes tocar, con los que puedes convivir, por eso mismo que Puig encuentra más propio de la literatura que del cine: la realidad. Son dos personajes. Sólo ellos en una extendida conversación que devela lo que son, cada uno un universo, con definidos roles en la vida social: uno homosexual, otro activista político; ambos presos en medio de la dictadura.

Desde el inicio se escuchan voces, y entonces se siente como si se entrara en una habitación donde están ambos, Molina (o Molinita, como le terminó diciendo Valentín) y Arregui. Y paralelo a ellos los muchos otros personajes contados por Molina, historias fantasiosas como el cine que amaba Puig, alegórico o romántico, donde hubiera siempre una heroína con quien sentirse identificado, porque Molina era la estrella, la amante, la amada, la protagonista de cada historia.

Teniendo el libro en la cabeza al ver la película esperé, por supuesto, escenas puntuales, si no por morbo, por una profunda curiosidad. Ya había sido tamaña impresión la que me había llevado leyendo, hasta el punto de tener que desviar la vista de las letras, y ahora verlo traducido al lenguaje cinematográfico, representaba todo un lujo. Un segundo antes de llegar a ellas me di cuenta de que el lujo estaba en la imagen que te da la cabeza y aunque no lo haya visto muy claro, hasta parece que yo lo hubiera imaginado mejor enfocado. Pero esas escenas de las que hablo, que no hay siquiera que mencionarlas, están puestas en el film con más decoro que en la volátil imaginación y no por eso menos ingeniosas, aunque una de ellas (cuando se apaga la vela y todo sucede en la oscuridad) es, más bien, un tanto cliché.

Cuando vas a la mitad del libro, encantado con estos dos personajes, y piensas que la historia está ahí, entre los dos, y aún así se está como un lector fiel y satisfecho, aparece la relación con el exterior inmediato. En esa cárcel hay gente interesada en información y nuevas pescas, por lo que empieza a aparecer la posibilidad de una traición. Entonces las conversaciones no vuelven a ser iguales. Hay algo más, y el lector lo sabe, pero hay duda todavía. Todo se convierte en una tensión que hala por ambos lados, de esas que te hace cambiar de posición, o reír de complicidad, volver al propio mundo y darte cuenta de que la gente te mira a ti curiosa, y salen como unas ganas de ir a contarle todo con detalles. Las delicias de una historia bien contada.

Pero Babenco usó otras maneras para desarrollar la historia; otros colores para cada personaje, que más tarde Puig reconocería diferentísimos a como los imaginó para su historia. Rescataría que Babenco logró comunicar su mensaje, aunque por otras vías. Molina ya no era el hombre entusiasta y melancólico, pues acá lo veríamos triste, desproporcionado físicamente y demasiado joven. A Valentín lo veríamos falto de soltura, hasta en la lengua: no sale de su boca ese giro cariñoso hacia “Molinita”, hay un acercamiento más forzado, e incluso, poco transparente.

Sentarse a leer un libro de Puig es correr el riesgo de que te cuenten, no una buena historia, sino una historia mucho más que fabulosa, con formas y recursos cada uno mejor pensado que el otro. Puig escucha voces y las pone a hablar. Su literatura es como aquellas historias clásicas puestas en el contexto turbulento de las realidades latinoamericanas.
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Buenos Aires, Argentina
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MOVIE AFFAIRS

"Forrest Gump" — 1994
El poder de la bondad

Por ELENA IGLESIAS
BlueMonk Moods | 30.06.2009

Han pasado 15 años y todavía la recuerdo. Desde entonces he visto otras cintas excelentes, pero «Forrest Gump», ganadora de un Oscar a la mejor película en 1994, conserva un lugar muy especial en mi corazón.

Uno de sus éxitos fue poner en manos de un débil mental todas las llaves del reino. En esta era sofisticada y cínica en la que estamos viviendo, la bondad se considera una idiotez, pero en este filme precisamente un tonto nos señala nuestra equivocación.

A juzgar por el éxito que tuvo en taquilla, la cinta tocó alguna fibra del inconsciente colectivo, capaz de remover los sentimientos más nobles. Alude al arquetipo del hombre que vence todos los obstáculos con la fuerza de su bondad y la certeza de que "Dios protege la inocencia". Por eso la gente lloraba y aplaudía en el filme, que nunca cayó en el sentimentalismo. Todos tuvimos alguna vez la inocencia de Forrest, que no juzga ni condena, solamente vive, dando lo mejor de si en cada momento, por duro que sea.

«Forrest Gump» es, desde luego, una parábola. Nos enseña, recorriendo 40 años de historia norteamericana, que en cualquier época la bondad tiene cabida, trata igual a débiles y poderosos, desenmascara por contraste a los profetas de moda, y sigue de largo, sin dejarse vencer por las burlas, el odio y la autodestrucción que la rodea.

Su filosofía es muy sencilla: «La vida es como una caja de chocolates, nunca se sabe lo que nos puede tocar», pero si se aprenden bien las reglas del difícil juego, el resultado será casi siempre dulce.

Es una épica para nuestro tiempo, que celebra la inocencia y la aceptación, precisamente en una época cuando hemos extraviado esas virtudes. Gump simboliza la lealtad y la honestidad; Jenny, su Dulcinea, es en cambio un saco de inestabilidad emocional y traumas de infancia. Ella encarna toda la desorientación y los excesos por los que han pasado este país y muchos otros de nuestra soberbia cultura occidental.

La única tabla de salvación de Jenny es el amor incondicional de Forrest, que permanece fiel hasta el final, sin pedir ni esperar nada a cambio. Los únicos momentos de paz que tiene esta mujer son sus breves encuentros con Gump a lo largo de su carrera hacia el abismo. Ella cree "saber" más que Forrest, quien simplemente la mira, la cuida y es. Al final, enferma también del cuerpo, Jenny se sobrepone a sus impulsos autodestructivos y, por amor a su hijo, rinde su alma a la bondad.

Este filme es una historia de amor y desencuentros que puede simbolizar la de este país y su destino. Si no la has visto, te recomiendo que encargues el DVD.

«"Forrest Gump" es "E.T." con un poquito de "Gandhi". Es el Cándido haciendo lo mejor que puede dentro de las peores circunstancias», dijo la revista «Time» en aquellos momentos. En realidad, Forrest Gump es el reencuentro de un país con el poder de la bondad que lleva adentro, por eso para aquellos que además de pensar son capaces de sentir compasión, siempre será significativa.
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Dirección: Robert Zemeckis. Producción: Wendy Finerman, Steve Tisch, Charles Newirth. Guión: Eric Roth (basado en la novela de Winston Groom). Reparto: Tom Hanks, Robin Wright, Gary Sinise, Mykelti Williamson, Sally Field. Cinematografía: Don Burgess.


Miami, Florida
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MOÑA PA' TI

Historia de un demo
(Las canciones de Mr. Acorde)

Por NEDINE DEL VALLE
BlueMonk Moods | 30.06.2009

Míster Acorde — Conocí al Míster, primero de oídas, por las calles y quise hacerlo pesonalmente. Sabíamos que estaba yendo a la Casa del Tango, entonces 2001-02, es decir, apenas unos años. Cuando lo ví su rostro enseguida me lo dijo. Un hombre de más de 40, ojos profundos y perdidos, de aparente inmutabilidad y humildad equilibrada. Me habían hablado de su música, de su manera de tocar y por supuesto, con mi gusto por el sonido, lo diferente y un esposo músico, yo tenía que acercarme a conocerlo. Al principio cuando lo escuché todo era raro y si era raro me llamaba. Su composición, sus arreglos. Escuchando su música se me envició el corazón, me enamoré de sus canciones. Con esas melodías difíciles y esas letras extrañas. El Míster viene de una familia de artistas. Posee su verso la influencia de su padre y su música, la de géneros muy conocidos. Entonces hablamos. Nos vimos más de una vez, empezó a darle clases a mi esposo y yo empecé a pensar en alguien que pudiera cantar sus canciones. No porque el Míster fuera incapaz de hacerlo y nunca pensando en sustituir a Claudio (su hermano), sólo que imaginaba sus canciones interpretadas por otra voz.

Anaís Triana — Cruzaba el verano de 2002 y junto a Javiera, una amiga chilena, impartíamos un curso de Artes Plásticas a niños de las montañas de Pinar del Río con el auspicio de la AHS. Era algo de un mes entero y de vez en cuando teníamos compañía: mi esposo y dos de sus amigos y uno de ellos, vino con su novia Anaís. Era una noche de luna como en sobradas historias y yo descansaba dentro de la carpa militar que teníamos para el viaje, todos los demás estaban afuera debido al calor de finales de julio, rodeándose de la música y los sonidos de la noche. Sabía que Anaís, a pesar de no cruzar muchas palabras, estudiaba en el ISA (Artes Plásticas) y resultaba un ser para nada insignificante, a pesar de los muchos silencios. En uno de esos momentos escuché su voz en una melodía sin letra, a capella y sólo demoré unos minutos para darme cuenta que era la persona que había estado soñando para las canciones del Míster. Faltaba que ella comprendiera y le gustara su música; y no diría por suerte sino por cómo se sucede la vida, ocurrió.

El encuentro — Fue breve. En mi casita-taller de alquiler, debajo de la mata de mango en Lawton-Luyanó, nos citamos. El Míster a escuchar su voz y Anaís a descubrir su música, un universo en sí mismo.
Anaís sabía de mi deseo de encontrar a alguien para grabar algo de Idalberto, que hasta el momento no contaba con algo terminado en sus manos de un estudio y aún censurado (2002) por la política cultural del país. Esto último nos importaba un bledo, no pensamos en eso, creo ni nos dimos cuenta. Sólo lo enfrentamos alguna vez que fuimos a la radio y no nos dejaban llamarlo Míster Acorde, sólo podíamos decir: Idalberto Valdés. Al Míster no le había contado de mis deseos, no quería prevenirlo, ni ponerlo a volar. Estaba esperando el momento, bueno en realidad el dinero contante y sonante.

La grabación — Señores, no se engañen. Llegar al final fue difícil. Ya teníamos la pasta, Michael y yo, de una venta de mis cuadros y se lo comunicamos al Míster que quedó en buscar un estudio y así fue, fueron días de grandes emociones, buenas y malas. Trabajar con artistas y entre artistas es una ardua tarea, como se dice en lenguaje corporal cubano: salimos por techo y regresábamos a la tierra a terminar. Tuvimos la gran suerte de que Alfaro fuera la persona que el Míster escogió para hacer el trabajo y que lo aceptara. Me alegra mucho haberlo conocido. Un gran profesional, músico increible, lleno de paciencia, conocedor de la obra de Idalberto. Sabía complacerlo y escucharlo. Ninguno ignoraba las crisis del Míster y esto se nos avecinó en medio de todo, pero eso no detuvo la grabacion del demo a pesar de que las canciones sufrieran cambios. Esa es otra parte de su genialidad y de su historia más personal. Hemos aprendido a convivir con eso. Admiré muchísimo a Anaís y su tenacidad y comprensión hacia Idalberto y sus canciones. Al final se logró porque todos queríamos lo mismo, y con mucha fuerza.

Sinesio Verdecia — Sin él no existiría el Demo. Acompañó al Míster en cada segundo y en medio de las crisis le tradujo el mundo ordinario. Su sensibilidad fue imprescindible. Le doy la gracias por ello.

El demo — Cada uno de nosotros, por motivos propios, fuimos muy felices en su realización. Aún sin reconocimientos, ajenos a la competencia y a las listas comerciales. Traté de poner la producción bajo mi nombre, consulté a varias personas amigas, cosa imposible por los medios estatales en Cuba. Hay estudios en Cuba que guardan grabaciones del Míster pero ninguna ha logrado salir al formato CD. El demo del Míster ha sido como pensé, un trabajo para valorar a largo plazo. Junto al documental «Míster acorde, Moña pa'ti» de la realizadora Ladys Roque, es de los pocos materiales que registran la obra musical de este genio tan peculiar, que ha superado las barreras impuestas lo mismo en lo personal que por un sistema social que controla la política cultural de todo un país, como es Cuba. Ahora gracias a internet y a todos los amigos que se han implicado en difundirlo puede ser escuchado por tantos, alrededor del mundo. Escuchar sus canciones es, sin dudas, el mejor regalo posible.
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La Habana, Cuba
© FOTO – Del Barrio ||| ™ EDICION – Julia Saavedra
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«Si te descalzas, miro»








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